El arte de vagabundear

En este blog se relatan caminatas improvisadas por la Ciudad de México. Así, en cada entrada convergen dos elementos: la práctica de la flânerie y el DF, es decir, el método y el objeto, la forma y el bulto que se aborda. Para explicar lo primero resulta útil recurrir a Wikipedia. Flânerie: dícese de vagar por las calles; callejear sin rumbo ni objetivo fijo, abierto a todas las vicisitudes y las impresiones que van saliendo al paso. En cuanto a lo segundo, baste decir que es la ciudad en la que vivimos, el espacio que acoge necesariamente nuestras andanzas.

Sidewalks fue precedido por sesiones frenéticas de flanereo. Antes de que diéramos con la idea de plasmar lo que íbamos viendo en entradas periódicas, existieron largas caminatas. Caminatas distendidas debajo de jacarandas, por barrios bravos, en parques, sobre avenidas. Caminatas nocturnas, caminatas henchidas de sol y caminatas en amaneceres fríos.

 

Una vez lanzado el blog  se nos ocurrió que sería buena idea ceñir las siguientes caminatas a un itinerario cuyo objetivo fuera abarcar, en la medida de lo posible y sabiendo que es una batalla perdida de antemano, la totalidad del territorio del DF. Empezaríamos modestamente: dando el rol, al menos una vez, por cada una de las dieciséis delegaciones.

Así vinieron Azcapotzalco, Milpa Alta, La Magdalena Contreras, la Cuauhtémoc. Y contando. Las caminatas, si bien seguían rigiéndose por el azar y la improvisación, empezaron a impregnarse, inconscientemente, pero cada vez más seguido, de los parámetros que dan forma a las guías de turismo o las revistas de recomendaciones. Nos descubrimos pensando cosas como: imposible ir a la Santa María la Ribera y no pasar “por casualidad” junto al kiosco Morisco. Un DF impuesto desde afuera se iba colando discretamente en las dinámicas de los vagabundeos. Empezaba a primar el objeto sobre la forma.

Encima teníamos que interrumpir los paseos cada tanto para tomar fotografías y notas: nombres de calles, impresiones, atmósferas, la distancia andada. En cierta forma estábamos relegando la realidad a un segundo plano y nos volcábamos a digitalizarla, pimpearla y lanzarla al ciberespacio. A la luz de esta mecánica enloquecida decir que uno está en equis colonia comienza a cobrar más relevancia que estar ahí realmente.

 

 

Lo que nos orilló a caminar sin rumbo en un principio fue la sensación de libertad irrefrenable que nos confería no saber a dónde nos estábamos dirigiendo. Avanzar y dejarnos seducir por la ciudad tangible que se nos iba desplegando delante sin otorgarle importancia al desenlace del merodeo.

Por eso este lunes de puente decidí aparcar momentáneamente el proyecto de las dieciséis delegaciones y trasponer el umbral de mi edificio para emprender un viaje solitario a ninguna parte. ¿Bajo qué método? Algunos flâneurs ilustres colocaban una correa entorno al cuello de una tortuga o al caparazón de una langosta y dejaban que fueran ellas quienes tomaran la iniciativa. Había quien en cambio desarrollaba complejos métodos basados en el azar para determinar qué camino debería tomarse cada vez que se presentara una disyuntiva. Los más puristas preferían hacerse a la calle y entregarse de lleno a los elementos el entorno.

 

 

Después de darle vueltas opté por seguir las indicaciones de @autoflâneur una cuenta de Twitter que se autodefine como una guía para perderse. ¡Qué paradoja luminosa la que entraña seguir una serie de pasos a rajatabla para acabar extraviado! Caminar por caminar. Prescindir del reloj, las agendas, los rankings y los quehaceres que van pautando los ritmos de la metrópoli. Recurrir al mecanismo milenario de poner un pie enfrente del otro y repetir el proceso una y otra vez, sin mayor finalidad que la de trasladarse de un sitio improbable a otro.

La cuenta autoflâneur va arrojando indicaciones periódicas todos los días, pero también proporciona instrucciones personalizadas a aquél que lo solicite. No es exagerado decir que el administrador de esta cuenta manipula fugazmente y a intervalos los hilos  de los destinos de sus ochocientos seguidores, regados por todo el planeta. Además de ir sugiriendo rutas, autoflâneur también asigna tareas. Aquí un breve muestrario de su timeline.

 

 

 

De la caminata recuerdo vagamente a un geek oyendo salsa con una bocina colgada al cuello, un callejón estrecho, una ventana abierta a través de la cual pude ver un comedor en tinieblas, los acordes de una guitarra eléctrica flotando por encima de un puesto de tortas gigantes, un carrito de papas y chicharrones rompiendo el silencio en una calle desierta, milanesas apisonadas con una caguama vacía, un french-poodle corriendo una cortina con la nariz y sobretodo la casa de mi infancia temprana. La vi por un buen rato, recargado contra el tronco de un árbol. Hice un recuento exprés de todo lo que había pasado entre entonces y ahora. Han pasado casi treinta años. Las ventanas estaban cubiertas con periódicos extendidos.

A continuación reproduzco la conversación que fui engrosando con autoflâneur conforme se fue desenvolviendo la caminata, así como las fotografías de algunos de los sitios improbables en los que me fui situando, gracias a la conspiración que se fraguó entre la ciudad, los mandamientos arrobados y mis propios deseos.

 

5 de febrero del 2018

Sidewalks. 13:30. Estoy por hacerme a las calles de la Ciudad de México. Voy a partir del barrio de Mixcoac (serpiente de nubes). Espero tus indicaciones.

Autoflâneur. 13:32. Camina dando la espalda a tu casa por un buen rato.

SW. 14:26. Sigo caminando en línea recta hacia el norte. La espalda apuntando en todo momento a la puerta de entrada de mi edificio.

 

AF. 14:29. Explora el primer callejón que encuentres. Cuando lo abandones, gira a la derecha.

SW. 14:58.

 

 

AF. 15:26. Encuentra la pared más cercana y di “hola”.

SW. 16:18. Me estaba tomando un descanso en una cantina en Tacubaya. La pared más cercana era la de la barra, a un costado de mi hombro. Dije hola y me contestó el propietario. Su negocio lleva abierto desde los cuarentas. Platicamos de futbol.

 

 

AF. 15:26. Encuentra la pared más cercana y di “hola”.

SW. 16:18. Me estaba tomando un descanso en una cantina en Tacubaya. La pared más cercana era la de la barra, a un costado de mi hombro. Dije hola y me contestó el propietario. Su negocio lleva abierto desde los cuarentas. Platicamos de futbol.

 

 

AF. 17:25. Corre.

SW. 17:33.

 

 

AF. 17:37 Camina con mucha determinación en dirección opuesta al sol.

SW. 18:40. Después de cinco horas y media, la caminata y la luz del día se extinguen.

 

 

AF. 18:42. Vuela hacia el punto más alto que puedas ver.

SW. 19:28. Acabé fundiéndome con el sol en el punto más remoto del horizonte.

AF. 19:40. Déjate arrastrar por el viento durante ocho minutos.

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Algunas fotografías recogidas durante el recorrido: